México próspero, equitativo e incluyente, construyendo futuros

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Por Mauricio de Maria y Campos  ⁄ FOTO: Ixbalanqué DANELL PÉREZ

México vive una de las encrucijadas más complejas de su historia contemporánea, que se manifiesta en el deterioro de la calidad de vida de la población, una creciente inconformidad con la inseguridad, la corrupción y la impunidad y la incertidumbre sobre un futuro mejor.

La gravedad de los problemas y la baja efectividad de las soluciones que se han ensayado en las últimas tres décadas exigen hoy una estrategia diferente, que ataque los problemas de raíz, que impulse el crecimiento, el empleo y el bienestar social, así como la inversión, la creatividad y la innovación, y ofrezca resultados palpables a la población en todas las regiones del país en el corto plazo, pero también soluciones duraderas y sostenibles en el mediano y largo plazos, que permitan recuperar la confianza, el orgullo y la identidad nacional.

El Centro Tepoztlán, creado hace casi 40 años por la iniciativa de Víctor Urquidi, entonces presidente de El Colegio de México- ha realizado durante los últimos 18 meses una serie de reuniones-diálogo y múltiples sesiones de trabajo con el apoyo de El Colegio de México y el Foro Consultivo Científico y Tecnológico, que han conducido a la preparación del Informe que hoy presentamos a ustedes: México próspero, equitativo e incluyente; construyendo futuros.

El informe es resultado de la labor de 36 especialistas de diversas disciplinas y experiencias de vida, preocupados por enfrentar los principales retos políticos y de gobierno, económicos, sociales, tecnológicos, de seguridad y del entorno internacional que afectan a México actualmente y que pueden incidir en su trayectoria futura.

Objetivo, naturaleza y alcance del Proyecto

El objetivo es contribuir a la construcción de un México próspero, equitativo e incluyente; los tres, componentes esenciales del desarrollo sostenible.

Identificamos los desafíos que afectan a México hoy, o que pueden incidir en su trayectoria de mediano-largo plazo hacia el desarrollo sostenible, y proponemos políticas y acciones para enfrentarlos.

Planteamos soluciones transversales a los desafíos, con visión amplia y multisectorial, por su impacto mayor y porque suelen ser más efectivas y eficientes que los enfoques temáticos y sectoriales.

Consideramos que México requiere cambios profundos y las soluciones deben ser resultado de un esfuerzo coordinado del Estado, y los diversos actores sociales.

Favorecemos una noción de desarrollo centrada en el bienestar y la dignidad humana, partiendo de la titularidad de derechos.

Damos relevancia a las condiciones inmediatas a las que se enfrentaría la implementación de una estrategia que rompa con las tendencias concentradoras y desigualadoras que quebrantan la dignidad de las personas.

Con una actitud pragmática, atenta a los límites de la cohesión social, consideramos necesario enfrentar los retos urgentes actuales, pero reconocemos la necesidad de construir una visión de futuro del país de mediano y largo plazo.

Mensajes centrales

  1. Recuperar el estado de derecho

El estado de derecho se encuentra en su peor crisis histórica y, de hecho, no rige en algunas regiones del país. Un México próspero, equitativo e incluyente requiere la construcción y consolidación de un estado democrático de derecho, lo cual conlleva el respeto, la promoción, la protección y la defensa de los derechos humanos.

Se precisa reconstruir instituciones, prácticas, reglas y costumbres basadas en el estado de derecho. Hoy este entramado legal presenta traslapes de responsabilidades, falta de claridad en sus preceptos y no cuenta con los recursos presupuestarios para su implementación. Urge un consenso social y político para revertir esta situación.

  1. Un Estado pro activo

Enfrentar los desafíos de la Nación requiere recuperar las funciones básicas del Estado. Que las realice con oportunidad, transparencia, eficacia y eficiencia; que reconozca problemas y desafíos y convoque a la sociedad a enfrentarlos conjuntamente; que identifique oportunidades y las aproveche en beneficio de la población; que asuma el liderazgo que requiere un estado promotor del desarrollo

El estado activo que México necesita se distancia del que titubea frente a las agresiones del exterior, del que es pasivo frente a la inseguridad ciudadana, del reactivo que va a la zaga de los retos, del que no tiene una estrategia eficaz frente a los problemas de pobreza y de desigualdad, de aquel que no ofrece respuesta a las demandas ciudadanas o, peor aun, responde con cinismo, mentira o silencio frente a la corrupción desbordada en todos sus niveles

  1. Los derechos humanos en el centro de la acción pública

La situación de los derechos humanos en México es tan grave que hoy se impone lograr la vigencia plena de los derechos humanos como propósito del desarrollo del país, como proponen organizaciones de la sociedad civil. Es decir, centrarse en la dignidad de las personas debería ser el objetivo fundamental de la políticas de desarrollo, sin subordinaciones entre los económico y lo social y lo ambiental, más bien, en un marco integrado, multidisciplinario y alineado alrededor de ese empeño en todo el quehacer de lo público. Ese objetivo central debe ser congruente en el proyecto de Nación y en los sistemas social, político y económico.

  1. Una visión de país, un proyecto de Nación

México no tiene hoy un rumbo de Nación que oriente su accionar. Los gobiernos recientes han revelado su falta de visión estratégica, al seguir sin cuestionamiento un esquema de desarrollo dependiente del exterior, oportunista, derrochador de recursos, depredador del medio ambiente y los recursos naturales, concentrador de la riqueza y promotor de la desigualdad social.

La ruta ha sido marcada por el continuismo acrítico. Esa no es la imagen del México que todos queremos; construirla debería ser una tarea a emprender de inmediato, con una convocatoria de Estado a la sociedad en todo el territorio nacional, buscando la conciliación de intereses, para acordar un futuro deseable y posible del país, que se convierta en la guía de navegación hacia el desarrollo sostenible.

  1. La corrupción y la impunidad han llegado a niveles de escándalo; pero más grave es que los órganos del estado encargados de perseguirlas y castigarlas no actúen contra los responsables, a pesar de incuestionables pruebas en su contra, lo que da vida a la hermana preferida de la corrupción en México: la impunidad.

La trayectoria hacia un país honesto y transparente es larga y difícil, pues un porcentaje no despreciable de la población se beneficia de ella. Además de las leyes y el ejemplo de los líderes del país, se necesitan acciones contundentes y dejar atrás la práctica de las apariencias y la simulación.

Proponemos establecer un programa de acción inmediata para que a través de mejores leyes y reglamentos, un efectivo procurador anti-corrupción independiente y autónomo, nuevas estructuras de gobierno y sistemas de monitoreo y de oportuna procuración e impartición de justicia, se combatan las prácticas recurrentes de funcionarios públicos, pero también las del sector privado, las de la delincuencia organizada y las de los ciudadanos en general.

  1. Combate eficaz a la inseguridad y la violencia

A pesar de los múltiples programas y cuantiosos recursos, la inseguridad y la violencia en México han llegado a niveles intolerables -30 mil muertes anuales; se requiere una nueva estrategia.

Un aspecto mal atendido es el relativo a los recursos ilegales que sostienen a los grupos delictivos (armas, dinero y su lavado). El Gobierno tiene una ventaja asimétrica: la regulación, el SAT, el control de armas, que deben ejercerse con firmeza y con una efectiva cooperación del exterior, particularmente de los EUA.

Se requiere una nueva estructura institucional de seguridad, inteligencia y procuración e impartición de justicia para optimizar las capacidades de las distintas instancias, incluyendo las capacidades tecnológicas propias como requisito para la cooperación internacional de inteligencia.

Separar la responsabilidad de la seguridad de la Secretaria de Gobernación.

Poner en marcha un modelo de policía que permita desarrollar capacidades federales estatales y municipales y darles condiciones dignas de salarios, seguridad social, vivienda, capacitación y un servicio civil de carrera, que estimulen su buen desempeño.

Definir el rol de las fuerzas armadas a corto y largo plazo.

Transformar integralmente el sistema penitenciario para que deje de ser escuela del crimen y se convierta en plataforma de rescate social.

Fortalecer la política de prevención y participación ciudadana.

Coordinar al más alto nivel la procuración de seguridad y justicia con las políticas económicas y sociales.

  1. Un nuevo modelo de desarrollo.

México debe transitar hacia un modelo de estado impulsor del desarrollo, con la dignidad de las personas en el centro y las prioridades en el crecimiento de calidad, el empleo decente y la inversión productiva, en lugar de la obsesiva fijación con la inflación y la estabilidad nominal, que se ha traducido en estancamiento estabilizador, marginación y precariedad laboral en los últimos 30 años.

La política pública debe ser realineada en función de objetivos de equilibrios reales (crecimiento, inversión y empleo) y no los nominales (inflación, tipo de cambio y tasa de interés). El empleo decente, productivo y bien remunerado es un derecho humano fundamental, que no es consecuencia de la operación de los mercados, sino resultado de la aceleración del crecimiento pro-empleo de calidad, además de que también es la solución estructural a la incidencia de la pobreza y la desigualdad; conviene fortalecer la inversión y la innovación en áreas productivas de mayor valor agregado, que promuevan una transición hacia empleos de alta calificación y, por tanto, mayores salarios.

Proponemos que el Banco de México retome un doble objetivo, tal como sucede en muchos otros países: mantener la estabilidad de precios y estimular crecimiento y empleo

Los programas de desarrollo productivo en el territorio deben impulsarse a través de políticas e instrumentos de desarrollo agropecuario, industrial y de servicios de alto valor agregado comparables a las que están implementando países asiáticos y europeos en la avanzada del crecimiento, el desarrollo tecnológico y la innovación.

En ese marco es indispensable la recuperación del papel dinamizador de la demanda interna y la inversión nacional pública y privada como plataforma para exportaciones diversificadas y con mayor contenido nacional.

La inversión pública ha llegado a sus niveles más bajos como % del PIB en los últimos 70 años: debe aumentarse y dirigirse a la creación de infraestructura sobre todo para el desarrollo regional y la atención a las zonas y poblaciones rezagadas.

La expansión del crédito competitivo a largo plazo y del capital de riesgo por parte de la banca comercial y de una fortalecida banca de desarrollo es crucial.

La revolución científica y tecnológica en marcha y el nuevo modelo de desarrollo exigen reducir la elevada dependencia tecnológica del exterior y fortalecer la política de fomento a la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la innovación en el ámbito nacional y un nuevo entramado público privado para atender nuestros requerimientos económicos y sociales en el mediano y largo plazo. Crucial será un incremento en el gasto gubernamental para alcanzar la meta del 1% del PIB en 2024 y promover una inversión privada de cuando menos el 0.5%. Un nuevo patrón de gobernanza y vinculación es indispensable para avanzar.

Todas estas acciones demandan mayores recursos financieros públicos y privados. La racionalización del gasto público corriente es clave, a nivel federal y estatal, pero sin duda se requieren mayores ingresos fiscales para el crecimiento, el abatimiento de la pobreza y la desigualdad, el bienestar social y desarrollo tecnológico

Una reforma fiscal que aumente los ingresos públicos y mejore el gasto es inevitable. Un gran obstáculo ha residido en el escepticismo de la sociedad respecto al destino de los ingresos actuales. Hay que superarlo mediante un círculo virtuoso de eficacia social fiscal; una reforma fiscal para crecer más y distribuir mejor.

  1. Una estrategia social pertinente, ordenada y blindada del abuso de la política

Para que la política social rinda frutos debe transformarse drásticamente su praxis, actualmente carente de consideraciones de derechos humanos y de ética (la “estafa maestra” lo evidencia). Es necesario reforzar la práctica democrática y la transparencia y rendición de cuentas, para desterrar la utilización político-electoral de los cinco mil programas sociales, a nivel federal y estatal que hemos identificado, así como evaluar su pertinencia y efectividad para alinearlos, eliminarlos o integrarlos para mejorar su desempeño. La política social debe ser sensible a las condiciones específicas de las diferentes regiones del país.

Es preciso el rediseño de la administración pública en materia de programas sociales, para realizar una estrategia que eleve el bienestar social, reduzca la desigualdad, la discriminación y la exclusión:

-Revisar e innovar los programas dirigidos a aliviar o superar la exclusión de grupos afectados por la desigualdad y la marginación, como es el caso de población indígena, y de capacidades disminuidas, así como de los impactados en el ciclo de vida en pobreza: infantes, jóvenes, mujeres embarazadas, ancianos, etc.

-Examinar la viabilidad de un ingreso básico universal a través de programas piloto   regionales.

-Una mayor participación de la ciudadanía en la toma de decisiones a lo largo del ciclo de las políticas sociales.

El desafío de la educación. México requiere un sistema integral de educación escolar y no escolar que responda a los desafíos que plantean el cambio tecnológico y el objetivo de un país próspero, equitativo e incluyente. Los tropiezos que ha enfrentado la reforma educativa llaman a la necesidad de examinar la estrategia seguida y buscar cursos renovados. El objetivo central debe ser mejorar la pertinencia y la calidad de la educación que reciben nuestros niños, jóvenes y adultos, con criterios de titularidad de derechos, inclusión social e inserción eficaz en la nueva era del conocimiento y desarrollo de habilidades a lo largo del ciclo de vida.

Empleo y los salarios. La participación de los salarios en el ingreso nacional en México es de las más bajas del mundo -28%- inferior a la de los países de la OCDE y similares latinoamericanos. Es imprescindible elevar los salarios reales, que han perdido en los últimos 30 años dos terceras partes de su poder adquisitivo en promedio. Hay razones sociales y económicas

En el plano institucional hay que repensar el contrato social, a fin de aprovechar las ventajas que ofrecen las nuevas formas de empleo, brindando, al mismo tiempo, protección social a los trabajadores; se debe emprender de inmediato un plan nacional de educación, capacitación y readaptación continua de la fuerza de trabajo, a fin de que los trabajadores puedan adaptarse y beneficiarse del cambio tecnológico que ocurre a paso acelerado.

Proponemos un sistema de protección social universal, apoyado en avances tecnológicos incluyentes, que busque la readaptación de trabajadores entre distintos puestos o unidades productivas. Entre tanto se estructura y se obtiene el financiamiento necesario debe avanzarse en la incorporación de sectores desprotegidos al IMSS como el del trabajo doméstico, que en países de la OCDE y latinoamericanos está bien protegido.

Salud. Una nueva política de atención a la salud que integre y unifique a un conjunto de instituciones y tratamientos heterogéneos y profundamente desiguales y duplique en recursos la declinante participación del gasto en salud en el PIB nacional es detallada en nuestra propuesta: “El sistema de salud en terapia intensiva”.

  1. Una inserción externa estratégica, afín al desarrollo y al interés nacional

El surgimiento de nuevos actores hegemónicos como China e India y de diversas potencias y agrupaciones regionales en las últimas décadas obliga a repensar nuestros intereses y estrategias nacionales. Nuestra experiencia de los últimos 30 años debe asimilarse y constituirse en plataforma de despegue de una renovad política exterior. El futuro de México en el mundo no puede reducirse a América del Norte. Los cambios y tendencias globales nos obligan a contar con una visión igualmente global, más allá de sus fronteras cercanas.

La estrategia nacional de las últimas décadas se ha montado fundamentalmente sobre el paradigma de la interdependencia con EUA, el libre comercio, y, doctrinalmente, sobre un liberalismo económico, lo cual, según sus defensores, aseguraría el desarrollo económico y social. Se buscaron niveles de convergencia gradual que el TLCAN no propició. Tampoco los acuerdos con Europa y Japón.

Es urgente reforzar nuestra política bilateral y presencia en algunas regiones del mundo con nuevas embajadas y mayores y mejores presupuestos para garantizar la operación efectiva de nuestras representaciones y concurrencias. Habría que fortalecer nuestras relaciones bilaterales con regiones olvidadas con creciente población y potencial económico y un rol clave en el sistema de Naciones Unidas y Breton Woods

La estrategia de inserción de México en el mundo debe ser consecuente con sus necesidades y compromisos de desarrollo sostenible a 2030 y recuperar el rumbo -también a través de la agenda multilateral- para jugar un papel digno, activo y constructivo en los asuntos globales centrales: seguridad y paz internacionales; defensa del medio ambiente y de los derechos humanos; mejoramiento de las instituciones mundiales; prevención de agresiones entre países y fortalecimiento de la convivencia y la cooperación cultural entre los pueblos. Ello tendría que incluir nuestra incorporación a algunas instituciones emergentes geoestratégicas como el Banco de Desarrollo de Infraestructura Asiática, recientemente impulsado por China y más de 40 países.

  1. Reforma institucional y profesionalización de la función pública.

La adopción de una nueva estrategia de desarrollo incluyente y sostenible requiere la reingeniería institucional y la profesionalización de la función pública. Una de las expresiones de la debilidad del Estado es precisamente, el precario desempeño de las instituciones públicas, marcado a veces por las escasas preparación y probidad de los funcionarios públicos, en todos los niveles de gobierno.

Si se implementan políticas activas de desarrollo industrial, de ciencia y tecnología o de apoyo al sector agrícola, habrá que recapacitar y formar a nuevos funcionarios en estas tareas. El fortalecimiento de la banca de desarrollo requeriría en ocasiones reformas legales y de procedimientos y la recapacitación de funcionarios, promotores del financiamiento de proyectos. Las instituciones y los cuerpos de seguridad y administración de la justicia tendrían que pasar por un proceso de reforma y depuración de cuadros para combatir y prevenir eficazmente la inseguridad y la violencia, la corrupción y la impunidad y lograr un efectivo estado de derecho.

¿Qué sigue?

Nuestro diagnóstico de la realidad nacional, sus problemas y desafíos es, en buena medida, compartido por otros centros de pensamiento, instituciones académicas, organizaciones de la sociedad civil, del sector privado y organismos internacionales. Hay coincidencia en la identificación de algunos de los factores desencadenantes de esta situación y en muchos de los principales desafíos. Como sería de esperar, en las propuestas hay menos similitud, aunque hay grupos coincidentes -algunos aquí representados.

Como otros actores, queremos poner a disposición de la sociedad, el gobierno, los partidos políticos, el sector privado, la academia, en fin, todo el país, nuestras 36 propuestas para enfrentar los desafíos de México, y convocar a todos los actores a sumar esfuerzos para resolver diferencias y encontrar la convergencia. En nuestro trabajo hay consideraciones y aspectos particulares que nos separan de otros ejercicios, como podrá constatarse en los textos individuales y en los cuadros resumen que hemos elaborado y compartido con este panel y nuestros asociados y colaboradores, y que muy pronto pondremos a consideración amplia de los partidos políticos y de la sociedad en general.

Este trabajo pretende constituirse en actividad continua del Centro Tepoztlán

Al final, la construcción del México que todos queremos es una tarea de todos los días, hoy, mañana, a corto, mediano y largo plazo. En ese sentido, buscamos convocar a gobierno, sociedad, sector privado y academia a constituir una inteligencia colectiva, a una discusión nacional para delinear el futuro deseable, posible y compartido de México; las prioridades a atender de inmediato y las que se ejecutarían añosigresiavemnete en los proximos lelemntos de mayor impacto en otras n y acuerden las prioridades a atender de inemdiato, y a corto, mediano y largo plazos; el análisis de las interrelaciones de las diferentes prioridades y acciones para identificar los elementos de mayor impacto, así como su contribución al objetivo de prosperidad, inclusión y equidad.

Esta es una tarea crucial para el próximo gobierno y la sociedad en los años por venir. Los invito a que conozcan nuestras propuestas detalladas a través de nuestro sitio web y el del Foro Consultivo Científico y Tecnológico y que nos retroalimenten con sus ideas y propuestas.

Centro Tepoztlán Víctor L. Urquidi, A. C.

Mauricio de Maria y Campos, presidente del Centro Tepoztlán Víctor L. Urquidi

El Colegio de México

27 de abril de 2018

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