Los más peligrosos contaminantes del planeta por industria y agricultura

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FOTO: ONU

Veintiocho sustancias químicas que causan problemas de salud como el cáncer y trastornos reproductivos -y algunas veces la muerte- están prohibidas o restringidas en el Convenio de Estocolmo, uno de los acuerdos internacionales más cruciales administrados por ONU Medio Ambiente.

La industria y la agricultura han liberado toxinas conocidas como Contaminantes Orgánicos Persistentes (COP), que durante décadas se han extendido a lo largo y ancho del planeta, incluso hasta el Ártico. Estas sustancias permanecen intactas durante años en el medio ambiente y se acumulan en los organismos que se ubican en los lugares más altos de la cadena alimenticia, incluyendo peces grandes y depredadores. Los COP envenenan tanto a las personas como a la vida silvestre.

Sus efectos también incluyen alergias e hipersensibilidad, daño al sistema nervioso y alteración del sistema inmunológico. Algunos de estos contaminantes se consideran disruptores endocrinos: al alterar el sistema hormonal, pueden dañar los sistemas reproductivo e inmunológico de las personas.

Desde su entrada en vigor en 2004, el Convenio de Estocolmo ha sido fundamental para los esfuerzos mundiales por proteger la salud humana y el medio ambiente. La lucha contra la contaminación es el tema central de la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente que se celebrará en Nairobi, en diciembre próximo.

Estas son algunas de las sustancias peligrosas cubiertas por la convención.

Diclorodifeniltricloroetano (DDT)
El descubrimiento de la eficacia del DDT para combatir insectos le mereció un premio Nobel en 1938 al químico suizo Paul Müller. Durante años, esta sustancia se utilizó con grandes resultados contra los mosquitos portadores de malaria, los piojos transmisores del tifus y en los campos agricultores de todo el mundo.

La creciente preocupación por su impacto en la vida silvestre (su efecto en la corteza de las cáscaras de huevo de pájaros, incluyendo el águila calva y el halcón peregrino) y los seres humanos lo convirtieron en el objetivo principal de debate del emergente movimiento ambientalista de los años sesenta. Tras identificarlo como un potencial carcinógeno humano, Estados Unidos, prohibió el uso del DDT en la agricultura en 1972 y fue seguido por otros países hasta que la convención extendió su prohibición en todo el mundo. Todavía se permite su uso en algunos casos excepcionales para combatir la malaria.

Bifenilos policlorados (PCB)
Aunque su uso se prohibió en algunos países en los años setenta, la cantidad y la persistencia de bifenilos policlorados en el ambiente es tan grande que siguen siendo una preocupación casi medio siglo después. Se ha encontrado una amplia gama de usos de esta sustancia en refrigerantes, fluidos hidráulicos y como aditivos en la pintura, el papel y los plásticos.

Un gran número de personas ha sido expuesto a estos a través de la contaminación de alimentos. El aceite de arroz con PCB envenenó a miles de personas en Japón en 1968 y en Taiwán en 1979. Los síntomas incluían pigmentación de las uñas y membranas mucosas e hinchazón de los párpados, fatiga, náuseas y vómitos. En América del Norte, estudios mostraron daños a las funciones de la memoria a corto plazo en niños de madres que comían grandes cantidades de peces contaminados del Lago Michigan.

Hexoclorobenceno (HCB)
El hexoclorobenceno es un fungicida introducido en 1945 que fue ampliamente utilizado en el cultivo de trigo y otros. Durante la década de 1950, una población al este de Turquía resultó envenenada tras consumir pan hecho con semillas que contenían este químico. Miles de ellos enfermaron y cientos murieron. Muchos se vieron afectados por una condición hepática que resultó en lesiones cutáneas. Los lactantes cuyas madres habían comido pan contaminado murieron a causa de porfiria cutánea.

Décadas más tarde, los investigadores encontraron que los niveles de HCB en la leche materna de las mujeres afectadas seguían siendo elevados.

El químico produce cáncer y falla reproductiva en animales, por lo que se ha considerado un posible carcinógeno para los seres humanos. Sin embargo, ha sido encontrado en alimentos de todo tipo. Un estudio de la carne española lo encontró en todas las muestras analizadas.

Hexaclorociclohexano
El hexaclorociclohexano y sus plaguicidas relacionados, incluyendo el lindano, se encuentran entre los contaminantes orgánicos persistentes que se han acumulado en el Ártico, a miles de kilómetros de donde se produjeron. Corrientes en la atmósfera y los océanos, así como focas y ballenas los han depositado allí durante décadas. El cambio climático está causando la liberación de estas toxinas del hielo, la nieve y los suelos congelados, donde han estado concentrados desde el siglo pasado. Esto podría afectar a los pueblos indígenas del Ártico, ya que sus dietas suelen incluir grandes cantidades de pescado y alimentos silvestres altos en grasa.

Hexabromociclododecano (HBCD)
El hexabromociclododecanoes es una causa de preocupación relativamente reciente y una de las 16 sustancias químicas añadidas a la convención desde su entrada en vigor. Al igual que otros contaminantes, se ha valorado por su capacidad como protector contra el fuego.
Desde la década de 1980, se ha añadido a los paneles aislantes de espuma de poliestireno utilizados en la construcción. También en textiles, incluyendo esteras de tatami, y en equipos eléctricos, como frigoríficos. Las emisiones de HBCD al medio ambiente – durante la fabricación, el uso y el desecho – han seguido aumentando en años recientes.

Se han reportado niveles significativos de HBCD en la leche humana y la exposición de alimentos. Sus principales riesgos son los posibles trastornos neuroendocrinos y de desarrollo, especialmente en niños pequeños. El HBCD se considera muy tóxico para las especies acuáticas y podría afectar gravemente los sistemas neuroendocrinos de los mamíferos. Los investigadores han encontrado altas concentraciones en halcones alrededor de las Islas Británicas, en peces mandarín y carpas herbívoras en el río Yangtse de China, y en los osos polares de Svalbard, Noruega.

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