La cultura occidental: entre la iconoclastia y la iconofilia

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Por Ixbalanqué Danell Pérez ⁄ FOTO: SOStenible

Una imagen es parecida a lo que representa, de otra manera no sería imagen; la imagen visual representa (simboliza) a lo no visual en tanto no se le asemeja. No es posible que cualquier imagen represente cualquier cosa ¿La iconicidad se da por acuerdo universal?

Con estas reflexiones podemos iniciar el amplio camino de la iconicidad, donde la imagen, a diferencia de lo que se pensaba en épocas de más de cinco siglos antes de nuestra situación actual, comenzaba un camino de estudio más, digámosle, formal, en el que como todo conocimiento que busca resolver cuestiones referentes al entendimiento humano, al homo simbolicus; tiene una evolución y toma referencias teóricas de pensadores previos y los complementa con pensamiento de la época.

Esto resulta en nuestro momento en que vemos aquella lejana iconicidad llena de ambigüedad como un tesoro de la humanidad, pues a lo largo de la historia humana la imagen evolucionó de ser mera mímesis y representar al objeto dado, a contener significados de mayor profundidad y trascendencia, como lo fueron los íconos referentes a la divinidad, representando aquello que no nos es dado como imagen, pero que de igual forma en su esencia se encuentra presente, permitiendo al espectador adentrarse en un mundo de luminosidad que eleva el espíritu y florece en símbolo.

Símbolo, ese rico elemento del privilegio meramente humano que diferencia al hombre como raza “superior” dentro de la realidad que lo rodea. Este símbolo cargado de significación que tantos y tan grandes pensadores han tratado en sus escritos, pero que al ser tan amplio escapa a toda acotación, pues es tal su multiplicidad que conforme avanza el pensamiento lo hace la riqueza del símbolo. Éste es ese siguiente paso de la iconicidad si se le asocia a ésta con la palabra semejanza, pero más bien pareciera la primera un pariente cercano del símbolo por su carácter ambiguo en cuanto a la representación.

Conforme avanza el conocimiento humano lo hace la tecnología y esto incide en la forma de representar, pero estas formas nuevas ¿Nos acercan o nos alejan de la comprensión del entorno? Pongo como ejemplo la fotografía, se dice que es mera mímesis, por su capacidad de mostrar lo que se ve, pero ¿Realmente lo muestra? O ¿Es una representación cargada de significados? O sea, un símbolo; personalmente me inclino por lo segundo y veo lo primero con una complementariedad del proceso de representación, que muy ciertamente ha sido utilizado con fines enagenantes y no de proyección del pensamiento.

La cultura de la palabra y la imagen. Amor, odio. Iconoclasta, iconódulo, iconófobo. Dualidad. Es compleja la cultura Occidental pero igual considero que es compleja la Oriental. Es complejo Occidente porque es complejo su pensamiento y por ende su forma de representar, su forma de imaginar, palabra clave, pues es a partir de la imaginación y su libertad de evocación que se genera la imaginería en esta parte del mundo (seguramente en Oriente es similar), y es por ella que se da esta dualidad, ya que todo mundo posee esta capacidad viendo en la imagen lo que cree conveniente, de acuerdo a sus propias creencias aprendidas o inyectadas de manera dogmática para actuar de tal o cual manera dependiendo de los intereses del sistema en turno.

Hago referncia a ello porque la humanidad se mueve de acuerdo a los planes de quien se encuentra en el poder, y si al mandatario en turno no le conviene el desarrollo de la imagen, porque su dominio es por medio de la palabra, se viene encima un movimiento iconoclasta.

Pero, si es por el contrario, los artistas creadores de imagen se desbocan creando una corriente eidocéntrica, conviritendo a esta como el único medio para alcanzar un mayor grado espiritual e intelectual, pero ¿Qué sucede cuando el hombre comprende que imagen y palabra no son contrarias, sino complementarias? Bueno, un buen ejemplo del mal uso de este conocimiento es el nazismo y uno que considero aún peor, pues ha aniquilado el espíritu humano (y con ello la imaginación), es la televisión y su uso indiscriminado para convertir al hombre en un ser aspiracional, pero sin metas fijas, un ser totalmente irrelevante y materialista.

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