
Juan Danell Sánchez
El discurso del poder tiene la ventaja de que cada palabra y afirmación que lo constituyen se las toma como verdades absolutas… hasta que la realidad lo confronta y desmiente, sin que ello sea una constante que lo descarte por falso y omiso. En todo caso ese choque le sirve como indicador para realizar ajustes coyunturales y continuar con su farsa: así es el capitalismo y los Estados y gobiernos que se rigen por este sistema. Se habla de cambios, transiciones, inclusive de trascendencia y siempre se hace cuando sus contradicciones estructurales lo llevan a crisis que debilitan sus verdades y afloran los artificios con los que se reproduce.
En México, ésta es una práctica cotidiana que no lograron superar y erradicar los movimientos armados de Independencia y la Revolución. La constante del discurso de los gobiernos es culpar a sus antecesores de los problemas que enfrenta el país, básicamente la pobreza y desigualdad sociopolítica y económica de la sociedad, como algo heredado, pero que se comprometen a solucionar en las campañas comiciales, pero que no sólo no cumplen, sino que las agudizan con sus deplorables formas de gobernar.
Pobreza, marginación, cambio, pueblo e ignorancia son palabras del discurso oficial elevadas a categoría de divisa para mantener el poder como Gobierno que permita continuar la reproducción del sistema, sí del capitalismo. Ejemplo clásico de esto, son los gobiernos emanados del PRI que por más de 70 años que estuvieron en el poder prometieron acabar con esos males sin resultados, y así sucedió con los del PAN y Morena, que siguieron y siguen el mismo esquema.
Después de todo esa estrategia y modelo de Gobierno creados por el PRI resultaron ser los más efectivos para garantizarle gobiernos y un Estado a modo para la mejor reproducción del capital. La danza de estadísticas alegres, verdades simuladas sobre logros apócrifos, reivindicaciones fantásticas y actuaciones circenses en los discursos y mensajes oficiales dirigidos al pueblo, que no a la sociedad en su conjunto, porque así lo han determinado los dueños del poder en turno; son la constante de los gobiernos del último siglo.
Han machacado hasta el cansancio, ya fastidia escucharlos, que abatirán la pobreza y que por encima de todo poder está el pueblo; José López Portillo soltó el llanto en el mensaje a la nación en que aseguró que “defendería el valor del peso como un perro”, esto con la promesa intrínseca de mejorar la condición de vida de los más pobres. Otros presidentes crearon la Solidaridad (Carlos Salinas de Gortari) con el pueblo para reivindicar al sector social de menores ingresos, ahora se habla del Bienestar, y en todo esto el eje sobre el que giran es el pueblo, porque finalmente el voto del pueblo los llevó al poder, afirman. Pero la masa sigue ahí estancada, en estado vegetativo con sus carencias, hambre, marginación y una hilera interminable y acumulada de promesas incumplidas, una lista vergonzante de pifias en políticas públicas y todos los días palmadas en la espalda, sólo ese gesto irónico, que el Gobierno le da al pueblo, porque el pueblo manda.
Y aunque a los dueños del capital muy rara vez se les ensalza, si acaso se les reconoce las inversiones que llevan a ciertos sectores de la economía, los más rentables, por cierto, son quienes reciben los grandes beneficios y bondades de estos gobiernos, que en algún momento cuando fueron priístas se asumieron como de centro izquierda y ahora, como morenistas, de izquierda disimulada, porque tampoco se han dicho ser socialistas.
Recientemente (11-03-2026, La Jornada) se publicó que de acuerdo con la lista de los 24 multimillonarios de México (Revista Forbes), de entre una población de 130 millones de personas, la fortuna que detentan se duplicó en los últimos cinco años –2021/2026— al llegar a 267 mil 300 millones de dólares. Esta cifra, también representa un crecimiento de 61.4 por ciento en el último año –2025/2026— cuando fue de 234 mil 679 millones de dólares. Y si llegaron a estos niveles es porque las condiciones y políticas gubernamentales así lo permitieron. Por cierto, que en este periodo un día sí y otro también, desde el púlpito se pondera que el pueblo manda, y que el Gobierno hace lo que el pueblo quiere y ordena.
Mientras tanto, la economía del país en los últimos siete años –2019/2025— ha registrado un crecimiento anual promedio menor a un punto porcentual (0.85 por ciento) que acumulado representa 6.37 por ciento en el periodo (30-01-2026 Expansión), lo cual a ojos vistas significa un estancamiento que apunta a quebranto.
En este contexto algo aún más preocupante es que en ese lapso la dependencia alimentaria del exterior en México va en aumento. Datos oficiales a 2025 revelan que el país sólo produce 44 por ciento de los alimentos que consume, de tal suerte que es el segundo mayor importador mundial de granos básicos y principal comprador de maíz blanco y amarillo. En dicho periodo se perdió la autosuficiencia de carne de res, a lo que se suma que 37 por ciento (20 millones de toneladas) de la cosecha anual se pierde por falta de infraestructura postcosecha; y 44 millones de personas presentan problemas de ingresos suficientes para adquirir la canasta básica de alimentos.
Ante este panorama, y de ser cierto que el pueblo gobierna y manda, entonces el pueblo se equivoca. Los ricos son mucho más ricos y los pobres sencillamente no tienen salida para superar su situación.










































