Naturaleza y ser humano, historias conocidas

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Planeteando

Por: Francisco Vázquez Salazar ⁄ FOTO: SOStenible

En cosas de la naturaleza y el ser humano es común que la historia sea repetitiva. En primer lugar, porque es la naturaleza de la primera (sirva la figura), y en segundo, porque la torpeza y ambición irracional del ser humano no tiene límites.

La ubicación geográfica de México representa históricamente serios retos en materia de protección civil. Nuestro país se ubica en el “mapa de la sequía”, el cual se ha venido configurando de unos años para acá, y además está expuesto al golpe de tormentas, ciclones o huracanes que se forman en cualquiera de sus dos litorales, tanto el del Pacífico como el del lado del Atlántico. Vaya, 11 mil kilómetros de litoral es el largo de las costas mexicanas, lo que, si bien representa oportunidades económicas, como la pesca, también constituye un factor de riesgo que se debe ir administrando año con año.

El cambio climático que vive el mundo, y particularmente regiones como en la que se ubica nuestro país, deja ver la presencia de fuertes lluvias originadas en primera instancia por tormentas u ondas tropicales de manera adelantada en el tiempo. Es agosto y no hay que esperar a septiembre u octubre para comenzar a contar muertos por estos fenómenos.

En días recientes, lo que comenzó como una depresión tropical devino en Huracán (algunos lo dejan en tormenta), tan mortífero que ahora “Earl” se ha convertido en el de mayor impacto en los últimos tres años, con alrededor de 50 muertos: 36 en Puebla, 13 en Veracruz y 1 en Hidalgo.

La numeraria oficial dice que entre 2014 y 2016 se han presentado en territorio nacional 10 huracanes que han causado serios destrozos y daños a la infraestructura productiva, aunque eso representa poco frente a las 82 personas fallecidas por su causa (incluye los estragos de “Earl”).

Y la historia se repite. El ser humano va y se asienta en laderas, barrancas, márgenes o cauces secos de ríos o cuerpos de agua, y nadie desde la autoridad hace nada. Llegan las lluvias fuertes, en algunas ocasiones duran varias horas, y aun cuando seguramente hubo avisos preventivos a la población, después de algunos días los habitantes siguen ahí… hasta que esas lluvias se convierten en tormentas o remanentes de huracanes y contra eso poco se puede hacer: tras la tempestad vienen los cuerpos flotando o enterrados bajo cerros desgajados o bardas, y ya no decir de lo que sufren los animales, los sembradíos y, en general, el vecindario.

Es un comportamiento que se repite. La naturaleza se manifiesta, de una u otra forma, sobre límites aparentemente conocidos (cuando de por medio está el hombre) y el ser humano, víctima de sí mismo por su miseria o corrupción, hace poco por cuidarse con una visión más allá de lo que le es inmediato.

En esta ocasión en que el fenómeno meteorológico conocido como “Earl” ha estado haciendo de las suyas, añada que ha habido lentitud o laxitud de la autoridad para prestar auxilio inmediato a la población y coordinar tareas de ayuda a quienes han quedado aislados por caminos cortados, o sin servicios básicos, como la electricidad.

En la Ciudad de México volvió también a pasar. Tiene apenas como un mes que aquí escribimos sobre las consecuencias de fuertes lluvias e inundaciones en la zona norponiente, concretamente Cuajimalpa, cuando de nuevo se dejan ver estampas similares. Son varios expertos que han señalado que en esos rumbos, y otros como Huixquilucan (donde otra vez se desbordó el Río La Coyotera), Santa Fe y Álvaro Obregón, está latente la tragedia por la irracionalidad con la que se ocuparon terrenos ubicados en elevaciones o depresiones de tierra. Pero qué le digo, media ciudad o zona metropolitana está construida así.

Cambio climático + ser humano inconsciente y hasta indiferente, fórmula idónea para la tragedia sistemática. Lo hemos visto, lo vemos y lo seguiremos viendo, lamentablemente.


fvs10@hotmail.com

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