Nochixtlán, cabeza de playa

613

Por Juan Danell Sánchez ⁄ FOTO: Ixbalanqué Danell Pérez

La Mixteca huele a despojo, a saqueo perpetrado desde las altas esferas del poder. Por cañadas y serranías la incertidumbre se hospeda en cada hogar de los pueblos que ahí habitan desde tiempos inmemoriales. Está latente lo que se inició en Nochixtlán: la incursión de la Policía Federal y el Ejército que ya están listos para entrar a todos esos rincones de Oaxaca para “apaciguarlos”, y que aunque nada se dice son dueños de grandes riquezas naturales que aún no han sido explotadas, pero que representan un filón de oro para la minería.

Un ejemplo de esto es que desde hace más de 40 años se encontraron manifestaciones uraníferas en Santa Catarina Tayata y San Juan Mixtepec, del municipio del mismo nombre, con reservas insitu de 696 toneladas U3O8. Otros lugares de la Mixteca con presencia de uranio son Tezoatlán-El Pipi, Boca de Perro, Magdalena Peñasco y Ocotlán Taviche.

Pero la riqueza mineral de la Mixteca se extiende por 81 de los 155 municipios que la conforman, en los que hay reservas probadas de oro, plata, plomo, cobre, zinc, barita, mercurio, cuarzo, hierro y materiales pétreos.

En una investigación geológica de la Universidad de la Cañada, de Teotitlán de Flores Magón, Oaxaca, se dan cifras de los recursos minerales encontrados en esa región y citan que en Huajuapan de León existen al menos 14 mil toneladas de oro, plata, cobre, zinc y plomo.

Otro ejemplo es Santiago Tamazola, municipio en el que existen 780 mil toneladas de barita y 22 millones de toneladas de cuarzo. Asimismo, en Coixtlahuaca se detectaron dos millones de metros cúbicos de mármol.

Y el temor de que incursionen las fuerzas federales en esas lejanías tiene fundamento. En los últimos días de enero del presente año 48 comunidades, 30 organizaciones y dos centros de investigación se reunieron en Cerro de las Huertas, municipio de Ejutla de Crespo, para celebrar el Encuentro Estatal de Comunidades y Organizaciones contra la Minería, en el que acordaron la expulsión de todas las mineras de territorio oaxaqueño.

Se trata de 400 concesiones mineras que comprenden 35 proyectos en las ocho regiones de aquella entidad. Ninguna de las empresas cuenta con la aprobación de las comunidades ni de los pueblos originarios, y, dato interesante, todas son extranjeras de banderas canadiense y australiana.

El rechazo a la minería, por parte de las comunidades indígenas, se debe a que esos proyectos representan una grave amenaza hacia sus formas de vida y medio ambiente, ya que producen la contaminación irreversible del territorio, mismo que es la base de la economía y alimentación comunitaria.

Y la respuesta que han recibido los comuneros a sus demandas en defensa de sus territorios, es que los empresarios y el Gobierno han promovido la división y confrontación de las comunidades, además del impulso de modificaciones legislativas en favor de las compañías mineras.

También han denunciado castigos, persecución, hostigamiento y encarcelamiento de las personas de las comunidades que se han destacado en la defensa de sus territorios.

Estas razones explican una parte importante del porque el Gobierno se ha empecinado, con encono, en hostigar, desprestigiar y amenazar con utilizar la fuerza federal, “con todo el rigor de la Ley” y eso se puede leer como con las armas, para desmantelar el movimiento social en Oaxaca, que ya no se remite a las manifestaciones de la CNTE, porque esas están por la mayor parte de los estados del país.

Pero, además, la oposición de los pueblos mixtecos a la explotación de sus riquezas naturales por empresas nacionales y extranjeras, es un tema histórico. Sin embargo, esto es algo que no se ve o no se quiere ver y el tema de Nochixtlán se reduce al conflicto de la CNTE con el Gobierno federal.

Y es, precisamente con este escenario, que hoy emerge el México que no queremos, pero tal parece que esperamos con ansia insana. La sociedad mexicana se encuentra extrapolada en bandos aparentemente irreconciliables, y esto por pertenecer a la misma clase social. Los odios transitan impunes, sucios y locos, por todo tipo de medios de comunicación y redes sociales. Los grupos antagónicos se desgarran las vestiduras; sentencian y pontifican infundios. Unos con el poder de gobernar, los otros con la razón de sus reclamos y anhelos de justicia.

Ahí los ha llevado la desinformación, el rumor y la simulación del poder. Dan por hecho verídico el primer destello que alguien pone en los espacios de difusión, y sin preguntarse o medianamente comprobar la autenticidad sobre ese acontecimiento lo analizan sin sustento cognitivo, critican con acidez, descalifican, amenazan, insultan, sentencian y condenan.

Alimentan con ello el encono y odio sembrado históricamente en la inconciencia de la sociedad con estrategias diseñadas por el Estado para dividirla: un pueblo dividido siempre será más fácilmente controlado y manipulado.

La historia de nuestro país demuestra con sencillez la insatisfacción de las necesidades fundamentales de la sociedad y ve transitar con toda impunidad el aumento permanente de la pobreza, mayor concentración de la riqueza, desempleo, analfabetismo, desnutrición, carencias permanentes en salud pública, desgobierno, inseguridad, persecución, hostigamiento, inequidad de género.

Todos estos males tienen una estadística que en estos momentos resultaría por demás ocioso citarla, el mismo Gobierno y las instituciones encargadas de medirlas entran con frecuencia en contradicciones al referirlas. Lo cierto es que ahí están y las podemos ver todo el tiempo.

La eficacia de la estrategia del Estado para dividir a la sociedad la podemos palpar a cada momento de nuestra vida cotidiana, aparece aun en las conversaciones familiares. Unos a favor, los otros en contra. Todos con un coraje y odio acumulado contra sí mismos, por no tener el valor y la capacidad de elevar la voz para reclamar justicia y respeto a sus derechos fundamentales. Quizás por esa razón arremeten con tanta dureza e inconciencia contra quienes salen a las calles a hacer esos reclamos. La patria está dividida y la sabiduría del decir popular se cumple a pie juntillas: “a río revuelto, ganancia de pescadores”.

Compartir

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here